Sagrados Titulares

adorno

CRISTO DE LA HUMILDAD Y PACIENCIA

La imagen del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia es obra del imaginero gallego Jacinto Pimentel, quien la talló en madera de cedro entre 1637 y 1638. Este escultor, del que conocemos pocos datos acerca de su vida, se formó en Sevilla, donde residió hasta el mismo año de 1637, cuando él mismo se declara vecino de la ciudad de Cádiz, quedando aún latente la duda de si fue el encargo de la efigie lo que motivó el traslado de domicilio, o fue la cofradía la que se afanó en realizarle el pedido justo al enterarse de la llegada del escultor a la ciudad. Sea como fuere, la hechura del Santísimo Cristo fue la mejor carta de presentación que Pimentel pudo firmar en la ciudad, pues a partir de dicho año son numerosos los encargos que distintas corporaciones le solicitaron para realizar sus imágenes.

La efigie representa a Cristo sentado sobre una roca, esperando el momento de la crucifixión y dirigiendo la mirada al espectador, invitándole así a participar de su propia angustia. La disposición de los miembros inferiores -uno adelantado respecto al otro-, así como la curiosa forma de disponer la mano izquierda con la palma hacia afuera, ha motivado a los historiadores a relacionar su composición con la escultura en mármol de Lorenzo de Médicis creada por Miguel Ángel para la sacristía de San Lorenzo en Florencia, a la que Pimentel pudo haber tenido acceso gracias al comercio de estampas y grabados tan común entre los escultores de la época. Respecto a su policromía, el hecho de que Francisco de Zurbarán actuara en Sevilla de fiador en el contrato de la imagen, ha originado una corriente que defiende que fuera el pintor extremeño su autor. Sin embargo, puesto que sabemos que la imagen del Santísimo Cristo se realiza en Cádiz y que durante estos años Zurbarán se encuentra inmerso en proyectos de gran envergadura en otras ciudades, hemos de decantarnos por el otro pintor que firma el contrato como fiador, Salvador de Trigo, como posible autor de la policromía de la imagen, tesis ésta ya planteada por el historiador Francisco Espinosa de los Monteros.

La calidad de la capa pictórica se hace patente en el preciosismo con el que se detallan las heridas en el cuerpo de Cristo, especialmente en los regueros de las gotas de sangre que manan de las mismas, al igual que hemos de reseñar la extraordinaria conservación de la capa original, sin necesidad de repintes en todos sus años de ininterrumpida devoción.

En conjunto, la maestría a la hora de diseñar y tallar de Pimentel, y la no menos sobresaliente policromía, hacen de esta obra una de las cumbres artísticas en el Cádiz moderno, valor al que, como no podía ser de otra forma, hemos de sumar la rica herencia devocional que siempre ha manifestado en nuestra ciudad. Todos estos factores hacen que la imagen fuera un referente en todo su entorno, como demuestra que, desde fechas muy tempranas, se concibieran otros simulacros de Cristo en su Humildad y Paciencia tomando como modelo a nuestro titular, y así lo evidencia, por ejemplo, el tallado por Tomás de Vadillos en 1697 para la iglesia de San Telmo de Chiclana de la Frontera.

VIRGEN DE LA AMARGURA

La de Nuestra Señora de la Amargura es imagen de candelero tallada en madera de pino por el escultor Sebastián Santos Rojas en 1956, si bien no es adquirida por la hermandad hasta 1967, bendiciéndose el 9 de diciembre de dicho año. Dentro de la dilatada producción del artista, la talla de nuestra titular sobresale por ser una de las que con más intensidad reproduce la faceta del dolor de la Virgen, apartándose de la línea dulcificada que seguirá Santos en la mayoría de imágenes del mismo tema, y remitiendo así, más nítidamente que sus obras contemporáneas, a sus primeras dolorosas.

De entre sus rasgos, cabe destacar la tímida nariz aguileña, propia del estilo del escultor de Higuera de la Sierra, el entrecejo levemente fruncido -algo ciertamente poco usual en él-, así como sus elegantes manos, con dedos levemente flexionados que acentúan la expresión de dolor patente en el rostro. Dirige la Virgen su mirada hacia la derecha, en un gesto de resignación ante el trance doloroso que padece.

 

NIÑO JESÚS DE LA PASIÓN

En 2008, la hermandad se plantea adquirir una nueva imagen que aglutinara a los miembros más jóvenes de la corporación, hecho que se traduce en el encargo al escultor Darío Fernández Parra de la efigie del Niño Jesús de la Pasión.

Desde la Contrarreforma, fue común en el ámbito católico el representar al Niño Jesús con los instrumentos de la Pasión o padeciendo Él mismo los tormentos, pasaje que se adaptaba bastante bien a la nueva sensibilidad propia del mundo barroco; en Andalucía, desde fechas muy tempranas tenemos ejemplos de esta nueva devoción, de entre los que cabría destacar, por su carácter modélico, el concebido por Jerónimo Hernández en 1582 y que recibe culto en la parroquia de la Magdalena de Sevilla. Así, al encargar la hermandad una imagen de esta iconografía, se enlaza perfectamente con las raíces devocionales de nuestro entorno, toda vez que se consigue dar cabida a los deseos de los jóvenes de la hermandad.

Se representa al Divino Infante sobre una roca, abrazando la cruz con su mano izquierda y bendiciendo con la opuesta, mientras dirige su mirada cándidamente hacia su derecha. De esta manera, el hecho premonitorio de abrazar la cruz no tiene en este caso tintes amargos, sino que es toda dulzura la que se manifiesta en el rostro del Niño.