- De nuestro Director Espiritual por el comienzo del Tiempo de Adviento

A los hermanos cofrades al inicio del adviento Manteneos firmes en la fe y la esperanza “No te avergüences de dar testimonio de la Fe en nuestro Señor Jesús” (2ª Timoteo 1,8) Estas palabras de Pablo a Timoteo nos sirven de estímulo en este año de la Fe que el Papa Benedicto XVI ha proclamado. Nos invita a celebrarlo y nos anima a redescubrir y revitalizar nuestra fe y adhesión a Jesucristo mediante un encuentro personal, profundo y sincero con Él y que nos lleve a ser, en medio de los nuestros, “la sal que no se vuelve sosa y la luz que no se apaga” Quiero compartir con todos vosotros este deseo del Papa y os animo a redescubrir vuestra fe, vuestro compromiso cristiano que ha de surgir de la lectura orante de las Palabra de Dios y os ha de llevar al ejercicio de la caridad. La fe como dice el Papa no es una simple aceptación de unas verdades, sino una relación íntima con Él que nos lleva a abrir nuestro corazón a ese gran misterio de amor de Dios Padre y a vivir como personas que se sienten amados por Él. Vivimos en una sociedad donde cada vez con más fuerza se impone la indiferencia, la ausencia de Dios o el “cumplir”, muchas veces por presión social y no por convicción propia, con algunos sacramentos o expresiones religiosas. Seamos conscientes. Tenemos que despertar de este aletargamiento que nos invade; ponernos en camino, como el ciego del camino, y seguir Jesús. Que cuando digamos “yo creo” sea la verdadera expresión de una vida, de una realidad existente dentro de mi y que deriva, por tanto, en el testimonio. No perdamos de vista el ejemplo de la mujer samaritana del evangelio (San Juan 14,14) Seamos conscientes de que hoy muchos hombres y mujeres el único Evangelio que escuchan y ven es la vida de los cristianos. Que esta vida nuestra sea coherente con nuestra fe, y esa fe se traduzca en las obras que Dios quiere. Que en este tiempo de adviento que vamos a vivir en actitud de espera al Señor, sea para todos nosotros el inicio de un camino que nos lleve a proclamar con alegría: “VEN, SEÑOR, JESÚS” y a hacer de nuestro corazón el pesebre donde se haga presente cada día.



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